Wola ^^
JEJEJE XD!!! Sorry por no entrar ayer!!! es ke...bueno, me tocó ir a un velorio
la abue de mi cuñao'...k en paz descanse doñis Yuri Nakasawa....ay la seño, tan linda y tan en onda k estaba...pero bueno!!! aguantar casi 94 años es algo no??? q.e.p.d....
....
Bueno, dejemos de lado la tristeza y!! aki les dejo la conti! Chicos, me siento muy halagada con sus comentarios
!!! Gracias
!
A Yulia la cabeza le daba vueltas y no podía asentir, pero, por una vez, Roland no había exagerado.
Una semana más tarde, Lena estaba frente a un vaso de Gogo (mezcla entre licores dulces, ron y algo de fruta picada) en el ArabelCar, mientras pensaba en la tentación de Yulia Volkova.
Sabía que era una tentación a la que debía resistirse, por muy duro que aquello resultara. Solo de pensar en aquellas braguitas moradas de encaje sentía la necesidad de darse una ducha fría. Su instintiva reacción hacia ella era del todo imprudente e inapropiada, y no importaba lo hermosa y sugerente que fuera. Era terreno peligroso y prohibido.
Se había pasado toda la semana barajando la posibilidad de llamarla, pero en el fondo sabía que ella no estaba hecha para aquella petite ange. Yulia Volkova vendía vestidos con volantes y salvaba gatos mimados. Jamás pasaría las noches con una persona como ella.
La «salvaje» Elena Katina encajaba mejor en bares como el ArabelCar, un local donde el suelo de madera parecía haber sufrido demasiadas broncas y peleas, donde los asientos de vinilo estaban todos rasgados, y donde la máquina de discos rugía incesantemente. La barra era larga y estaba atestada de clientes. A Lena le resultaba familiar, ya que era similar al bar donde sus abuelos la habían criado en Louisiana.
Seguramente, Yulia ni siquiera sabía dónde estaba el ArabelCar. Lena tenía que sacársela de su cabeza. Había ido a Baxter con el propósito de ganar respeto y experiencia.
Hacía mucho tiempo que se había dado cuenta de que su anhelo de triunfo estaba enraizado en la insegura relación con sus padres. Nunca había entendido por qué salvar ballenas en
Fidji había sido más importante que educar a una hija.
No solo eso.
Después de las ballenas habían sido las selvas tropicales, los icebergs, los experimentos con animales en la industria de los cosméticos... Lena no había sabido nada de sus padres durante seis meses. Tal vez en aquellos momentos estuvieran en Borneo, enseñándoles a los pigmeos cómo asar pollos a la parrilla.
-Eh, linda -le dijo el camarero, señalando el vaso casi lleno de Lena. Era un hombre barrigudo y de pelo negro, con una edad comprendida entre los cuarenta y los sesenta años-. Es un buen
Gogo. ¿Hay algún problema?
Lena se imaginó que la clientela de los viernes por la noche estaría compuesta en su mayoría por hombres con una sed insaciable. Motociclistas, obreros y alguna que otra mujer llenaban el local, todos dispuestos a empezar el fin de semana con una borrachera.
-No, no hay ningún problema. Mañana tengo que empezar a trabajar muy temprano.
-Nunca te había visto por aquí -dijo el camarero, limpiando una jarra de cerveza-. ¿Eres nueva en el pueblo?
-Acabo de ingresar en el Cuerpo de Bomberos -respondió Lena. Echó los hombros hacia atrás y se obligó a dejar de pensar en Yulia por un momento-. Me llamo Elena Katina -le tendió una mano al camarero.
-Gus Saunders; soy el dueño del bar -sacó un vaso limpio y, tras llenarlo de cerveza, se lo llevó a un hombre que estaba en un rincón, con aspecto de ser un bebedor empedernido-.
Una rápida actuación te ahorra problemas posteriores -le dijo con una sonrisa al volver.
Lena asintió. Estaba de acuerdo con esa filosofía.
-Bienvenida a Baxter -le dijo Gus-. Al menos a la parte famosa.
«A donde yo pertenezco», pensó Lena, y levantó el vaso en un brindis.
-
Mercí.
-Ese acento no es de Georgia.
-No. Franco-rusa. Soy de St. Francis, Louisiana. Ahí me crié.
-¿De los franceses colonos de Acadia?
-Si... Emplazados a lo largo del río. Los caimanes desaniman a los alborotadores y le dan un toque de color a la región.
-Seguro que sí -repuso Gus-. Oye, ¿sabes cocinar? ¿Algún guisado de quingombó o una rica sopa Borchs? Los fines de semana viene un grupo de música y repartimos comida. Y me da la sensación de que mis clientes están hartos de alitas de pollo con nachos.
-Un francés sin conocimientos de cocina solo es media persona…es como si un ruso no conociera el vodka

.
-¿Qué te parece si el próximo fin de semana vienes y preparas algún plato especial? Tendrás barra libre.
Cocinar era su segunda actividad favorita. Y siendo Yulia territorio prohibido, las posibilidades de disfrutar de la primera eran bastante escasas.
-Suena bien, si también sirves vodka -le dijo a Gus.
-Genial -Gus se echó a reír y atendió varios pedidos antes de volver con Lena.
-¿No tienes a nadie que te ayude? -le preguntó ella, mientras seguían entrando clientes.
-Una camarera y un chico, pero no llegan hasta las nueve.
-¿Te hace falta ayuda?
-Siempre -respondió Gus con un suspiro.
-Estuve trabajando muchos años en un bar -dijo Lena poniéndose de pie. Lo único que le esperaba en casa era Casey, el chico delgado de la hermandad. Lo había encontrado aquella tarde escondido bajo su cama del cuartel de bomberos. ¿Acaso creía que los hermanos de Yulia no lo buscarían allí?
-No puedo pagar mucho-confesó Gus con expresión dudosa.
-¿Qué te parece si esta noche trabajo para pagarme este trago? -preguntó Lena, empujando el vaso hacia Gus.
-Trato hecho.
En pocos minutos Lena se había hecho con el control del bar, dejando que Gus se pusiera a hablar con los demás clientes. El trabajo era agotador, pero le resultaba cómodo y familiar.
Hasta que una rubia entró por la puerta...
3
Lena se quedó inmóvil, sosteniendo en la mano la jarra que le llevaba a un cliente. Yulia Volkova había entrado sigilosamente en el local, pero todas las miradas se habían vuelto hacia ella, como si se percibiera la presencia de alguien con clase e inocencia en aquel tugurio.
-Eh, nena, ¿viene esa cerveza o qué? -le apremió el cliente.
Irritada consigo misma y con la repentina sensación húmeda bajo los vaqueros, Lena le dejó la cerveza y recogió el dinero, metiéndolo en la caja registradora sin ni siquiera comprobar cuánto era. ¿Qué demonios estaba haciendo Yulia allí?
Con el rabillo del ojo la vio caminar vacilante hacia la barra. Llevaba unos vaqueros azules desgastados y una camiseta blanca, y parecía sexy y accesible. Los pantalones se le ceñían a sus bien definidos muslos y a su esbelta cintura, e incluso a la tenue luz del bar sus rubios cabellos resplandecían como el sol.
«
Ben no te despedirá solo porque hables con su hermana», susurró la diabólica conciencia de Lena.
Cierto. Podía hablar con ella. Además, solo el Ayuntamiento tenía el poder para despedirla.
Se encontró con su mirada, y el impacto de aquellos ojos azules le provocó un profundo estremecimiento de la cabeza a los pies.
-¿Qué haces aquí? -le preguntó ella con el ceño fruncido. Su tono sonaba tan acusatorio que Lena no pudo evitar una sonrisa. ¿Acaso la atracción sería mutua?
-Siéntate, chére. No imaginaba que aceptaras mi invitación tan pronto-
-No he venido para verte a ti.
Lena sintió una punzada de celos. Por su parte, Yulia aceptó el taburete que un hombre le ofrecía, pero siguió mirando recelosa Lena.
-No has respondido a mi pregunta.
-¿Cómo dices? -preguntó ella, apartando la mirada de sus labios pintados de rosa.
-¿Qué haces aquí?
-Ayudar a Gus. ¿Y tú?
-Yo... -se calló y miró por encima del hombro-. Siempre vengo a este sitio -dijo, volviéndose hacia ella con una radiante sonrisa.
-Ya... -murmuró Lena. Mientras servía a un par de clientes intentó imaginarse a Yulia bebiendo Gogo después del trabajo, pero no consiguió que la visión cobrase forma.
Parecía muy nerviosa, y miraba continuamente por encima del hombro. Estaba claro que estaba allí por algo; algo que no quería contarle. Pero, ¿por qué iba a hacerlo? Después de todo, ella no era más que una desconocida.
-¿Y bien? -se apoyó en la barra, frente a ella-. ¿Qué vas a tomar?
Ella dejó el bolso en la barra y bajó la vista.
-Una cerveza, creo.
-¿De cuál?
-¿Cómo?
De modo que iba siempre a aquel bar, ¿eh?, cómo no, pensó Lena .
-Tengo Sol, Corona, Bud Light y Heineken, todas de barril. Y de botella...
-La que prefieras -la interrumpió ella alzando una mano.
Ella sirvió un vaso de Heineken y se lo puso delante. Yulia tomó un sorbo y sonrió.
-Es mejor que la ultima que tomé.
Lena se quedó tan embelesada por su sonrisa que no respondió. Realmente aquella mujer era un ángel. Un ángel que de ningún modo se juntaría con una mujer como ella. Y sin embargo, al recordar aquellas braguitas moradas...
Agarró un trapo y se puso a secar la barra. ¿Cuándo había sido la última vez que una mujer la había afectado tanto? Posiblemente nunca.
-¿Estás pluriempleado? -le preguntó ella, dando otro sorbo a la cerveza.
-Más o menos -respondió ella, contenta por distraerse de sus turbadores pensamientos-. Supongo que soy una chica impaciente e incapaz de estarse quieta.
-¿No estás agotada después de trabajar veinticuatro horas en el cuartel de bomberos?
-No -se encogió de hombros-. Normalmente, dormimos toda la noche sin interrupciones. No hay mucho movimiento en Baxter.
-¿Es eso lo que tú quieres? ¿
Movimiento 
?
Algo en su tono de voz hizo que Lena dejara de limpiar y levantara la cabeza. Los ojos de Yulia reflejaban una extraña combinación de cautela e interés.
-Desde luego. Acepté la propuesta de Ben para venir aquí porque quiero trabajar en el cuartel de una gran ciudad. Estando tan cerca de Atlanta, pensé que sería la oportunidad perfecta. Además, en casa no hubiera conseguido nada.
-¿En Louisiana?
-Sí, de St. Francis, un pequeño pueblo a las afueras de Lafayette. A su lado, Baxter parece una metrópoli -apoyó una cadera contra el mostrador y sonrió, pensando en la casa de campo de sus abuelos. Estaba emplazada a orillas de un arroyo, lleno de cangrejos en primavera y de mosquitos en verano-. Ni siquiera tiene cuartel de bomberos. Yo y otro tipo, que a la vez era juez de instrucción y encargado de pompas fúnebres, nos ocupábamos de los incendios y de las emergencias médicas. Contábamos con la ayuda de los voluntarios y alguna que otra vez del sheriff.
-Así era Baxter -dijo ella devolviéndole la sonrisa-. Mi abuelo era el único bombero con un sueldo. ¿Y qué hay de tu familia?
-Mis abuelos aún viven en St. Francis -prefería no mencionar a sus padres. Hablar de ellos le llevaría horas-. Tienen un bar y un restaurante.
-Por eso pareces sentirte tan a gusto aquí...
Ella negó con la cabeza. Ni remotamente podría sentirse «a gusto» junto a ella. ¿Qué pasaría si la estrechara entre sus brazos? ¿La notaría temblar? ¿Recibiría una cachetada?
-¡Otra por favor! -gritó un cliente desde el otro extremo de la barra.
-Ya voy -respondió Lena, y, tras echar un último vistazo a aquellos increíbles ojos azules, fue a atender el pedido.
Cuando regresó junto a ella, su diabólica conciencia ya lo había convencido para que la invitase a bailar.
«Un solo baile... ¿Qué mal hay en ello? Además, eres una buena bailarina».
Pero justo cuando iba a proponérselo, Gus se acercó a ella.
-Hola, preciosidad. Nunca te había visto por aquí. Me llamo Gus y soy el dueño del local.
Yulia le estrechó la mano, con las mejillas ruborizadas, y Lena se preguntó de nuevo qué estaría haciendo en aquel bar.
-Yulia Volkova -se presentó.
-Volkov, ¿eh? -Gus se rascó la barbilla y miró a Lena y luego a ella-. Ah, así es como conoces a Lena, ¿no? Tú debes de ser la hermanita de esos Volkov.
-La misma -confirmó ella con una mueca-. La hermana menor.
Gus se echó hacia atrás y asintió.
-Unos tipos estupendos. El que es poli...
-Wes -le informó Yulia.
-Ha puesto fin a muchas de las peleas que se montan aquí -continuó Gus.
-Suele estar cerca cuando hay problemas -dijo ella con una débil sonrisa.
-Una noche un loco lo atacó con una botella de cerveza rota. Wes lo desarmó en quince segundos y encima salió ileso. Fue increíble.
-Sí, supongo... si te parece increíble tener que recibir catorce puntos de sutura.
Tomó un sorbo de cerveza y bajó la vista al suelo. Lena pudo ver la angustia en su mirada. Estaba claro que después de perder a su padre se preocupaba por el resto de su familia. Parecía sola e indefensa.
¿Y acaso ella no había jurado servir y proteger al prójimo? Bueno, no... Eso lo hacían los policías. Pero, además de ser bombero era enfermera. Y su obligación era sanar las heridas.
«Qué demonios», pensó. Miró a Yulia y luego la pista de baile.
-Eh, Gus. Le prometí a Yulia que la sacaría a bailar. ¿Te importa arreglártelas tú solo unos minutos?
-En absoluto -concedió Gus mirando el reloj, después de ver las expresiones de ambas-. Mis dos ayudantes deben de estar po llegar. Diviértanse chicas.
Lena rodeó la barra y se situó detrás de ella. La fragancia de su perfume floral le hizo apretar todos los músculos del cuerpo.
-No he dicho que vaya a bailar contigo -dijo Yulia en voz baja.
Ella se acercó a su oreja. Los mechones dorados le hicieron cosquillas en la nariz.
-¿Me concederías el honor de bailar conmigo, petite ange?
Ella se dio la vuelta, quedando sus rostros enfrenta- dos a escasos centímetros. Lena sintió el irrefrenable deseo de besarla, pero consiguió reprimirse.
-Está bien -aceptó, un poco dudosa.
Antes de que pudiera cambiar de opinión, ella la agarró de la mano y le llevó hasta la pista de baile. Solo había otras cuatro parejas bailando, pero la pista era tan pequeña que los obligaba a permanecer muy juntas. Lena la rodeó por la cintura y ella intentó hacerla por los hombros.
-¿Cuánto mides exactamente?
-Mmm…-dijo soltando una sonrisilla-...dejémoslo en uno setenta

. -respondió. Vio que ella fruncía el ceño y lo mismo hizo ella. Era tan pequeña y delicada... ¿Qué demonios estaba haciendo, intimidándola?
Bailar. Solo estaban bailando.
Sí, desde luego. Y su hermano poli lo creería. Un poli que además iba a menudo por aquel bar.
Reprimió un gemido de deseo y frustración. Se moría por estrechar más aquellas deliciosas curvas contra su cuerpo, contra su creciente deseo...
-Hacía mucho que no bailaba -confesó ella.
-Yo tampoco -respondió ella, mirando detenidamente sus sensuales y relucientes labios. Podía sentir el calor de su aliento contra su blusa de algodón.
Ella la miró con expresión anhelante; la misma expresión que llevaba atormentándola durante toda la semana. Y entonces supo que la atracción era mutua.
Mientras el sentido común intentaba interponerse entre ellas, Yulia se fijó en sus labios y se humedeció los suyos con la lengua. Y Lena no pudo seguir aguantando.
Se inclinó un poco y la besó. Le recorrió frenéticamente los labios, memorizando su tacto y sabor por si acaso no le permitía volver a tocarla. Pero los temblorosos labios de Yulia se abrieron y la invitaron a introducirse en el calor de su boca. Lena no lo dudo y deslizó su lengua en el interior, entrelazándola con la suya, empapándose de su suavidad y dulzura. La apretó más contra ella, haciéndole sentir la necesidad de sentir su cuerpo.
¿Podría entenderse con su hermano? ¿Sería capaz de ocultar la inseguridad por su pasado? No lo sabía, pero de lo que sí estaba segura era que la deseaba más que a nada en el mundo.
Entonces ella se echó hacia atrás y la miró con extrañeza.
-Oh, **** sea, otra vez no -murmuró con la respiración entrecortada.
Lena la observó con preocupación. ¿Se desmayaría de nuevo? En ese caso tendría que llevarla personalmente al médico.
-¿Yulia?
-¿Mmm? -tenía las pupilas dilatadas.
-No vas a desmayarte, ¿verdad?
-No mientras me sostengas -apoyó la cabeza contra su hombro.
-Respira hondo y con calma -le ordenó Lena-. Concéntrate en estabilizar tus latidos.
-Tranquila -dijo ella mirándola-. No voy a caer a tus pies... otra vez.
Lena se relajó un poco y le apartó un mechón de la cara.
-¿Sabes, chére? Lo de esa copa... Tal vez deberías reconsiderar...
Ella miró por encima de su hombro, distrayéndola. Lena giró la cabeza, pero no vio a ningún hermano enfurecido acercándosele, de modo que volvió a mirarla.
-¿Me disculpas un momento? -le preguntó ella antes de que pudiera decir nada.
Se separó de ella y se acercó a la barra. Sacó algo del bolso y se dirigió hacia una mesa ocupada por tres mujeres, que tenían todo el aspecto de ser motociclistas. Aunque la ropa de cuero estaba de moda, aquellas caras adustas, melenas alborotadas, botas negras y brazos tatuados estaban íntimamente unidos al asiento de una Harley Davidson.(asi se escribe??

)
Aún estremeciéndose por el beso, Lena la siguió con los ojos entornados. ¿Qué estaría preparando Yulia?
-Te llamaré la semana que viene...
