Sorry la tardanza, pero ya entré a la Uni ¬¬
aki la ocnti, saludos a todas!!!
-Desde luego que sí, Yul -se dijo a sí misma con una mueca-. Seguro que funciona.
5
EL viernes por la noche, Lena se sentó junto a Yulia en la oficina del alcalde, donde se había reunido con carácter de urgencia el comité del Cuatro de Julio.
-¿Qué ocurre?
-No tengo ni idea -le susurró ella encogiéndose de hombros. Yulia observó que llevaba una linda blusa color rosa sin mangas ceñido a sus curvas, a juego con un pantalón negro, sandalias y vio que tenia un pedicure impecable.
«Hermosa», pensó Yulia. Sintió el impulso de besarla en los labios rosados, pero sabía que una manifestación pública de afecto no era muy buena idea.
-Atención todos -dijo el alcalde poniéndose en pie-. Sé que es viernes por la noche y que todos tienen planes, pero ha surgido un problema.
Lena lo observó con ojos muy abiertos. El alcalde Franklin Collins iba vestido enteramente de blanco, con un collar dorado y gruesos anillos en los dedos. La primera dama, por su parte, parecía una showgirl de Las Vegas.
Lena se inclinó sobre Yulia, inhalando la dulce fragancia de flores.
-¿A qué vienen estos atuendos? -le preguntó al oído.
-Espera, cariño -gritó una voz masculina antes de que Yulia pudiera responder.
Roland entró contoneándose en la sala. Llevaba maquillaje de mujer, una peluca rubia y un camisón con lentejuelas doradas. Lena se quedó perpleja mirando a Roland, al alcalde y a su mujer.
-¿Me he perdido una fiesta de disfraces? -le preguntó a Yulia.
-No -le respondió ella mirándolo con ojos centelleantes-. El alcalde es un fan de Elvis, y Roland actúa en un bar los fines de semana. Ru Paul encontrándose con Tony Bennett.
-¿Esa es la gente que votó en contra de una tienda de lencería?
-No, el alcalde solo vota en caso de empate, lo cual no fue el caso. Roland fue mi único apoyo. El resto del comité, encabezado por dos diáconos, rechazó la idea.
-¿Podemos volver al problema que nos ocupa? -preguntó el alcalde, esperando a que Roland se sentara cruzando las piernas llenas de pelo.
Todo el mundo lo miró. Cómo podían hacerlo sin estallar en carcajadas, Lena no tenía ni idea.
-Un grupo local quiere tocar en el festival -anunció el alcalde-. Se hacen llamar The Metal Heads, al menos este año. El anterior se llamaban The Punk Heads, y el anterior The Dixie Heads. Antes que eso se llamaron The Rock Heads.
Un murmullo colectivo se propagó por la sala.
-Otra vez no -dijo espantado uno de los miembros del comité.
-El año pasado me libré de ellos -exclamó Roland-. Este año le toca a otro.
Antes de que Lena pudiera preguntar qué tenían de malo The Metal Heads y por qué eso era tan importante, el alcalde se volvió hacia él para explicárselo.
-Llevan tres años intentando participar en el festival, presentando en cada ocasión un recital distinto de horribles canciones.
Roland golpeó ligeramente el brazo de la silla con sus uñas pintadas de rojo.
-El año que tocaban música country, su canción de apertura iba a ser Le disparé a mi perro y dejé que un tren le pasara por encima.
Ay...qué...fuerte...
-y este año quieren tocar Anoche sacudí a mi madre con mi guitarra -dijo el alcalde.
Peor tantiiito....
Por fortuna, parecía ser de fácil solución. El comité acordaría enviarles una carta en la que les agradecían su interés, pero que después de someterlo a votación... Bla, bla, bla... Problema resuelto.
-No pasa nada -dijo Lena levantándose-. Les mandaré una carta de rechazo y...
-No funcionará -replicó el alcalde-. El año pasado, tras recibir la carta, acamparon a las puertas del Ayuntamiento y durante tres días y tres noches estuvieron interpretando todo su repertorio.
-Son realmente encantadores -dijo Yulia.
-Desesperantes -añadió Roland.
-¿Sabes, Lena? -el alcalde la miró con una sospechosa sonrisa, y Lena tuvo el presentimiento de que iba a pagar por su osadía-. Tú podrías hacer que desistieran. Pero en persona.
Todas las miradas de la sala se concentraron en ela, examinando su bein formado cuerpo y...hermosura.
-¡Oh, Frank1in! -exclamó la señora Collins batiendo las palmas-. ¡Eres genial!
Todo el mundo se levantó, dando por hecho que el asunto estaba zanjado, y poniéndose a charlar sobre los planes para aquella noche. En pocos minutos, solo quedaron Lena y Yulia en la oficina del alcalde.
-Yo te ayudaré -le dijo ella, apoyando la mano en su brazo-. A veces se ponen a tocar en las esquinas por unas monedas... hasta que Wes los amenaza con encerrarlos.
Lena bajó la mirada, sintiendo el frío y delicado tacto de los dedos contra la piel. Inhaló profundamente el perfume de flores y sonrió mientras el calor le invadía la sangre.
-Olvídate de The Metal Heads por ahora -le agarró la mano-. Es mi turno, petite ange.
Yulia se había puesto un top y una minifalda, no un vestido como ella le había pedido. Su pequeño ángel era una rebelde. y con unas piernas extraordinarias.
-Eres preciosa -le dijo, acercándola a ella.
-Gracias -respondió Lena mirando hacia la puerta.
-Estamos solas.
-Lo sé -dijo con una sonrisa nerviosa. .
-Estamos completamente solas... -ella lo miró con ojos muy abiertos, y, antes de que pudiera decir nada más, Lena se inclinó y la besó.
Un suspiro ahogado se le escapó de los labios. Su boca se suavizó, y Lena deslizó la lengua en su interior. La mantuvo fuertemente presionada contra su cuerpo, y ella lo agarró por el cuello, aferrándose y soltándose como si estuviera desesperada por librarse de un picor. Iba a volverla loca. La deseaba, la necesitaba, y tenía que tenerla.
Una pequeña parte de Lena le decía que el trabajo era su prioridad, pero, ¿a quién quería engañar? Cada vez que la tocaba, perdía la noción de todo lo demás.
La rodeó por la cintura, apretándola más. Ella echó la cabeza hacia atrás y Yulia separó los labios para prodigarle acalorados besos a lo largo de la mandíbula. Sentía contra su pecho los latidos de Yulia, atronadores como un tren de mercancías. Todos sus músculos se endurecieron, y estaba considerando la posibilidad de utilizar la mesa del alcalde, cuando ella pronunció su nombre:
-... Lena -lo dijo con voz entrecortada y sin aliento.
-Mmm... -susurró mordiéndole suavemente los labios.
-No deberíamos... -la pelirroja volvió a introducirle la lengua, y ella soltó un gemido y se echó hacia atrás-. No deberíamos... hacer esto aquí.
Lena hizo un esfuerzo para desoír al diablillo que, sentado en su hombro, la animaba a seguir. Era el mismo que la hermana Catherine había intentando eliminar durante los años de educación. La salvaje Lena no era la clase de ser humano para un ángel.
Pero, ¿por qué sentía que era tan especial para ella, y que su lugar estaba a su lado?
La había besado para demostrarle que ella la deseaba a pesar del peligro, que podía superar su carácter prudente y precavido... solo para confirmar que no importaba lo grande que fuera el deseo. Ella no la merecía.
La soltó y retrocedió un paso.
-Lo siento.
-¿Por qué? -preguntó ella ladeando la cabeza.
Había algunos aspectos en los que parecía tan inocente, con aquellos ojos azules, su pequeña estatura, su pelo rubio y su piel..., pero en el fondo sabía que no podía dejarse engañar. Bajo aquella apariencia angelical se escondía una agresiva mujer de negocios.
-Eh... -se puso a jugar uno de sus rizados cabellos-. No quería que las cosas salieran así... eh... que se nos escaparan de las manos.
-No ha sido culpa tuya -dijo ella sonriendo-. No se puede decir que yo me haya resistido mucho. De hecho, el riesgo de ser descubiertas ha sido muy interesante.
Lena la agarró de la mano y la sacó de la oficina.
-Me alegro de que te haya gustado, pues tengo un montón de ideas interesantes -la llevó al aparcamiento, y mientras la acomodaba en el asiento de su Jeep, el borde de su minifalda se elevó sobre sus muslos, dejando al descubierto una exagerada porción de piel desnuda.
Oh, sí. Realmente tenía un montón de ideas interesantes.
